Hacía falta tanta agua para apagar tanto incendio, y más allá que muchos opinen que los hinchas de Gimnasia festejaron no haber perdido la categoría en el primer partido de los dos que debe jugar, la alegría y la emoción brotaron a flor de piel y calaron hondo en el sentimiento del pueblo Millonario.
La cruz era pesada y el resultado negativo obtenido en Misiones ponía en tela de juicio la permanencia del equipo Albo en el Torneo Argentino B. Durante la semana los hinchas salieron al cruce de las especulaciones de algunos medios y el aliento se hizo sentir en la práctica del jueves pasado.
Así llegaba Gimnasia al trascendental partido, ese que definía el cielo o el infierno y que no distinguía historia alguna. Ese bendito cotejo que tanto se esperaba con mucha tensión.
La tranquilidad y el convencimiento que mostró el conjunto que dirige Módica-García Bes en el primer tiempo le permitió ir al descanso ganando dos a cero. Si bien el penal que falló Robles podría haber decretado la salvación total, parte del objetivo se había cumplido.
En el complemento la desesperación se adueño del Gigante por completo, incluidos jugadores y cuerpo técnico, los minutos pasaban y la definición por penales se acrecentaba a gran escala. Un sufrimiento obvio en una instancia a todo o nada.
La cantidad de situaciones dilapidadas por los jugadores de Gimnasia en todo el partido generaron momentos muy tensos y la impaciencia comenzó a jugar su partido predilecto. Era injusto descender habiendo sido tan superior y ante un rival que no había hecho meritos para quedarse en la categoría.
Pero una vez más el orgullo y la garra, la entrega y el sacrificio aparecieron en todo su esplendor y tanto jugadores como hinchas pusieron lo que había que poner, ante una situación tan complicada como esta. Dentro y fuera de la cancha todos empujaron para un mismo lado, todos tiraron del barco que había encallado y poco a poco comenzaba a hundirse.
El regocijo fue inmenso cuando Sahuad tapó el último penal, el abrazo generalizado y la algarabía invadió cada escalón del estadio, mojándose en algunos casos hasta con un par de lágrimas. No era para menos, Gimnasia continuaba con vida, seguía en carrera y la esperanza no se sepultaba una tarde de Abril, el destino le daba a este grupo de jugadores, a este cuerpo técnico y los miles de hinchas de Gimnasia una oportunidad más para poder pelear la permanencia en el torneo.
Tantas pálidas y situaciones complicadas habían soportado los hinchas, por lo tanto, cómo no festejar aunque sea esto a la salida del estadio. Cómo no unirse al unísono en un sólo grito, cómo no abrazarse de felicidad si este pueblo es un carnaval. Como dicen que no se goza… si la campana aun no suena y el Gigante está más unido que nunca, como no tener fe en que de esto se sale. Albo te llevo en el alma y cada día te quiero más…
La cruz era pesada y el resultado negativo obtenido en Misiones ponía en tela de juicio la permanencia del equipo Albo en el Torneo Argentino B. Durante la semana los hinchas salieron al cruce de las especulaciones de algunos medios y el aliento se hizo sentir en la práctica del jueves pasado.
Así llegaba Gimnasia al trascendental partido, ese que definía el cielo o el infierno y que no distinguía historia alguna. Ese bendito cotejo que tanto se esperaba con mucha tensión.
La tranquilidad y el convencimiento que mostró el conjunto que dirige Módica-García Bes en el primer tiempo le permitió ir al descanso ganando dos a cero. Si bien el penal que falló Robles podría haber decretado la salvación total, parte del objetivo se había cumplido.
En el complemento la desesperación se adueño del Gigante por completo, incluidos jugadores y cuerpo técnico, los minutos pasaban y la definición por penales se acrecentaba a gran escala. Un sufrimiento obvio en una instancia a todo o nada.
La cantidad de situaciones dilapidadas por los jugadores de Gimnasia en todo el partido generaron momentos muy tensos y la impaciencia comenzó a jugar su partido predilecto. Era injusto descender habiendo sido tan superior y ante un rival que no había hecho meritos para quedarse en la categoría.
Pero una vez más el orgullo y la garra, la entrega y el sacrificio aparecieron en todo su esplendor y tanto jugadores como hinchas pusieron lo que había que poner, ante una situación tan complicada como esta. Dentro y fuera de la cancha todos empujaron para un mismo lado, todos tiraron del barco que había encallado y poco a poco comenzaba a hundirse.
El regocijo fue inmenso cuando Sahuad tapó el último penal, el abrazo generalizado y la algarabía invadió cada escalón del estadio, mojándose en algunos casos hasta con un par de lágrimas. No era para menos, Gimnasia continuaba con vida, seguía en carrera y la esperanza no se sepultaba una tarde de Abril, el destino le daba a este grupo de jugadores, a este cuerpo técnico y los miles de hinchas de Gimnasia una oportunidad más para poder pelear la permanencia en el torneo.
Tantas pálidas y situaciones complicadas habían soportado los hinchas, por lo tanto, cómo no festejar aunque sea esto a la salida del estadio. Cómo no unirse al unísono en un sólo grito, cómo no abrazarse de felicidad si este pueblo es un carnaval. Como dicen que no se goza… si la campana aun no suena y el Gigante está más unido que nunca, como no tener fe en que de esto se sale. Albo te llevo en el alma y cada día te quiero más…
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