Frágil, endeble, sin alma. Esa es la imagen que dejó Gimnasia y Tiro como equipo. Frágil, porque le llegan en cuenta gotas, pero cuando el rival pisa el área de Federico Sauad perfora con facilidad. Endeble, porque anímicamente está en el subsuelo. No encuentra ningún tipo de respuesta cuando la misión es dar vuelta un resultado.
Y sin alma, porque este equipo pareció haberse quedado sin espíritu de lucha, algo muy peligroso para lo que viene, porque la realidad indica que cualquiera que pisa el Gigante del Norte, se siente dueño y señor. Este equipo dejó la imagen de estar desahuciado desde el mismo momento que ingresa al campo de juego. Parece duro, pero es la realidad, por más que esta duela en el alma.
Gimnasia salió a jugar ante Concepción de Tucumán sabiendo que Ñuñorco había goleado y que la única esperanza de seguir con vida era ganar, y nada hizo para que esto ocurra. Fabio Giménez jugó por debajo de su nivel, nunca fue el enlace que los delanteros necesitaban. Estos debieron pelear en desventaja ante los defensores "cuervos", ya que nunca les llegó una pelota limpia.
Atrás, las ganas de Gonzalo Viano sobresalió a un opaco trabajo defensivo, y en el medio sólo Gonzalo Fortunato pareció haber entendido el mensaje: el "albo" se jugaba una final. El resto deambuló por la cancha y con esta actitud volvió a clavarle una estaca al endeble corazón de los hinchas, que se cansaron de pedir más "ganas", pero que nunca encontraron la respuesta de ellos, los jugadores.
Concepción jugó un partido inteligente, hizo que el "albo" realice todo el gasto en el período inicial, y cuando tuvo la oportunidad llegó con facilidad a la red de Federico Sauad. Todo esto no por méritos propios, sino por errores de Gimnasia, esos a los cuales nos tiene acostumbrado este equipo desde siempre.
Aún en desventaja, Gimnasia nunca acorraló a su rival, nunca lo puso contra Moreno Lara, al contrario, los tucumanos manejaron el partido a su voluntad.
El "albo" desperdició su última chance, dejó pasar otra vez el último tren, ese que lo podía llevar a la salvación. Ahora está condenado a jugar por no descender. Ese tren, quizás el más importante, no deberá dejarlo pasar, sino terminará en el abismo más temido, en el descenso de categoría, algo que podría parar definitivamente el corazón de la gente.
FUENTE EL TRIBUNO
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